Tribuna de Opinión·Efrén Pérez Santamaría

Colonia, la peregrinación obligatoria para cualquier amante del balonmano

24 de junio de 2026·Balonmano

Crónica desde el Lanxess Arena de una nueva Final Four de la EHF Champions League, con el Barça de nuevo campeón y la reflexión sobre la dificultad creciente de sostenerse en la élite continental.

Todo aficionado al balonmano debería acudir al menos una vez en la vida a Colonia para vivir la experiencia de una Final Four de la EHF Champions League. Este año ha sido mi tercera visita al majestuoso Lanxess Arena y, curiosamente, de las tres ocasiones en las que he estado presente, el Barça se ha proclamado campeón en dos.

Una de las cosas que he podido comprobar a lo largo de estas experiencias es que no es imprescindible realizar un gran desembolso económico para disfrutar del espectáculo. En esta edición, por diversas circunstancias, me tocó ocupar una localidad más alejada de lo habitual. Sin embargo, la visibilidad seguía siendo excelente, algo que habla muy bien del diseño del recinto y de la experiencia que ofrece a los aficionados independientemente de la ubicación de su asiento.

Pero la Final Four no es solo balonmano. La ciudad entera se transforma durante ese fin de semana. Colonia respira este deporte y está perfectamente preparada para albergar un evento de semejante magnitud. Pasear por el centro es encontrarse constantemente con figuras históricas del balonmano. Este año pude reconocer, entre otros, a Kiril Lazarov, al seleccionador danés Nikolaj Jacobsen o al exseleccionador noruego Christian Berge.

Además, tanto en el propio pabellón como en las populares beer gardens de la ciudad, es habitual coincidir con numerosos protagonistas del balonmano español e internacional. Tuve la oportunidad de saludar a personas tan conocidas como Pau Campos, Gurich, Ros o Javi Ariño, lo que añade un componente muy especial a la experiencia.

En el plano deportivo, la victoria fue para el mejor equipo del torneo. El Barça llegó a Colonia en un estado de forma excepcional. No solo destacó por su condición física, sino también por el nivel de juego desplegado durante los dos encuentros. La defensa fue sobresaliente y me sorprendió especialmente el rendimiento de Djordje Cikusa, mientras que Ludovic Fàbregas ejerció de líder en el eje central de una zaga formidable. A ello se sumó una actuación sobresaliente de Emil Nielsen bajo los palos.

En ataque, Aleix Gómez volvió a demostrar su fiabilidad desde los siete metros y su capacidad para castigar al contraataque. Domen Makuc dirigió con inteligencia, Timothey N’Guessan aportó potencia en el lanzamiento exterior y Luis Frade realizó un gran trabajo en el pivote. En definitiva, todos los jugadores rindieron a un nivel altísimo en el momento decisivo de la temporada.

En cuanto a los equipos alemanes, hubo un aspecto que volvió a llamar mi atención. Parece una constante que sus entrenadores utilicen rotaciones muy cortas, algo difícil de entender teniendo en cuenta la calidad y profundidad de sus plantillas. En el Füchse Berlin, por ejemplo, Mathias Gidsel, Lasse Andersson y Nils Lichtlein disputaron prácticamente los 60 minutos en pista. Tengo la sensación de que ese desgaste acabó pasando factura en la final ante un Barça que gestionó mucho mejor los esfuerzos y repartió los minutos entre más jugadores.

Especialmente llamativa fue la escasa participación de Tobias Grøndahl. Resulta difícil comprender cómo un central de tanto talento apenas tuvo protagonismo durante todo el fin de semana, limitándose prácticamente a ejecutar dos lanzamientos desde los siete metros.

Algo parecido ocurrió en la semifinal del Magdeburgo. Jugadores fundamentales como Magnus Saugstrup y Gísli Þorgeir Kristjánsson apenas tuvieron descanso, una apuesta arriesgada en una competición donde la acumulación de minutos puede marcar la diferencia en los momentos decisivos.

Finalmente, el Barça levantó un nuevo título europeo, pero también quedó una sensación inevitable de incertidumbre respecto al futuro. Cada temporada parece más complicado para el club azulgrana mantenerse en la élite continental. Las salidas de jugadores clave como Domen Makuc rumbo al Kiel o Emil Nielsen al Veszprém evidencian una realidad económica difícil de combatir. El Barça continúa siendo una referencia deportiva, pero cada vez le resulta más complicado competir financieramente con los grandes proyectos europeos.

Por eso, más allá del éxito conseguido en Colonia, el reto para el balonmano azulgrana será seguir encontrando la fórmula para mantenerse en la cima en un escenario cada vez más exigente y desigual.

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Efrén Pérez Santamaría

Sobre el autor

Efrén Pérez Santamaría

Entrenador nacional de balonmano y Master Coach con una amplia trayectoria en el desarrollo de equipos y jugadores tanto en el ámbito formativo como en el alto rendimiento.  He colaborado durante diversas etapas con la Federación Aragonesa de Balonmano, desempeñando funciones como profesor en la Escuela Territorial de Entrenadores, donde he impartido la asignatura de juego colectivo defensivo. En el ámbito de selecciones, he ejercido como seleccionador masculino en categorías infantil, cadete y juvenil. A nivel de clubes, he formado parte del cuerpo técnico del BM Huesca como segundo entrenador durante diez temporadas, tres de ellas en División de Honor Plata y siete en la Liga ASOBAL. Como primer entrenador, he dirigido al conjunto de Huesca en Segunda Nacional durante dos temporadas, además de ocupar el mismo cargo en el Ademar Zaragoza en categoría juvenil y Segunda Nacional. Asimismo, he desarrollado una amplia labor en el ámbito base como entrenador en distintas categorías del club Corazonistas.