¿Cómo aprenden nuestros entrenadores noveles?
El entrenador Manuel Pérez Pardos reflexiona sobre cómo se forma de verdad un técnico novel del deporte base: más allá de los cursos, observando a los veteranos, a la élite y a otros deportes con la libreta siempre abierta.
Iniciar la andadura en los banquillos del deporte base es una aventura apasionante. El entrenador joven llega, por lo general, cargado de ilusión, energía, ideas frescas y una libreta llena de jugadas o ejercicios vistos en televisión e internet.
Sin embargo, cuando se sitúa frente a un grupo de niños o adolescentes de ocho, doce o catorce años, la realidad impacta de lleno: YouTube, Instagram o el primer nivel del curso de entrenador se quedan cortos para gestionar la diversidad de ritmos de aprendizaje, la atención cambiante y las dinámicas emocionales del grupo.
Surge entonces la pregunta clave: ¿Cuál es la mejor manera de que un joven entrenador aprenda a entrenar?
Aunque la formación federativa es el pilar fundacional indispensable, el verdadero oficio de entrenador no se memoriza en un cuaderno de entrenador; se moldea, se contagia y se perfecciona a través de la observación consciente y el contraste razonable de realidades.
La idea fuerza que todo técnico novato debe grabar a fuego es que se aprende a entrenar viendo entrenar: a veteranos, a formadores del mismo club, a referentes de élite y a técnicos de otros deportes y estilos.
1. La libreta abierta: Observar a los entrenadores veteranos
La universidad de la pista o del campo no tiene paredes. El recurso más valioso para un entrenador principiante suele estar a solo unos metros de distancia, en la cancha de al lado: los técnicos veteranos de su propio club o de su entidad, con el suficiente criterio y peso específico.
Un entrenador experimentado ha superado ya cientos de situaciones que el joven apenas empieza a intuir. Observar al adecuado veterano permite aprender aspectos intangibles que rara vez figuran en los manuales:
- El manejo del lenguaje corporal y la voz: cómo captar la atención sin necesidad de gritar de más, cómo colocarse en la pista para no dar la espalda a nadie o cuándo usar un tono pausado y empático.
- La gestión del error y la frustración: qué respuesta dar a un jugador que acaba de fallar y cómo corregir sin desmotivar.
- El tempo de la sesión: cómo mantener la fluidez entre un ejercicio y otro, minimizando los tiempos muertos donde se pierde la concentración.
Asistir a los entrenamientos de los compañeros veteranos con una libreta y una actitud humilde, haciendo preguntas al terminar la sesión sobre el porqué de cada variante, acelera el aprendizaje exponencialmente.
2. La riqueza de la diversidad: Romper el sesgo de estilo
Un error común entre los entrenadores jóvenes es replicar a ciegas el estilo del entrenador que ellos tuvieron cuando eran jugadores o de un entrenador en concreto por el que sienten admiración. Si bien esto aporta cierta seguridad inicial, limita enormemente la flexibilidad táctica y pedagógica.
Para construir un criterio propio, es imprescindible observar distintos estilos de entrenamiento.
Explorar metodologías ajenas a la propia zona de confort evita caer en dogmatismos y permite crear una «caja de herramientas» variada, adaptada a las necesidades cambiantes de cada equipo.
3. Del pabellón profesional al barro del deporte base
Existe una fascinación natural por el deporte de élite. Es habitual ver a jóvenes entrenadores copiar los ejercicios tácticos que utiliza el equipo profesional de su ciudad o su club de referencia. Si bien observar a la élite es fascinante y enriquecedor, requiere un filtro crítico imprescindible.
Ver entrenar a la élite enseña excelencia en la ejecución, detalle táctico y máximo rendimiento. Sin embargo, trasladar una jugada de Euroliga o un sistema de presión de Primera División a un equipo alevín suele terminar en frustración. El aprendizaje real reside en descifrar el principio que hay detrás del ejercicio y saber deconstruirlo para adaptarlo al nivel evolutivo de los niños.
Por ello, tan importante o más que mirar a la élite es observar a los maestros del deporte base. Aquellos entrenadores que son capaces de enseñar a botar a veinte niños de seis años simultáneamente, de mantener a todos enganchados y expectantes, de hacer del esfuerzo disfrute, o de gestionar la relación con las familias de forma ejemplar, son los verdaderos referentes metodológicos para quien empieza.
4. Formación continua: Clinics, congresos y redes de conocimiento
La observación directa en el terreno de juego debe complementarse con la búsqueda activa de conocimiento estructurado. Hoy en día, la oferta formativa para entrenadores es más accesible que nunca.
- Clinics y seminarios presenciales: asistir a clinics monográficos (sobre técnica individual, preparación física en edades tempranas, psicología deportiva, etc.) ofrece dos grandes ventajas: el aprendizaje directo de ponentes expertos y el networking. El espacio de café entre ponencias es, a menudo, el lugar donde se debaten las mejores ideas de la jornada.
- Mundo digital e internet: redes sociales como YouTube, plataformas de formación online, podcasts especializados o canales de difusión han democratizado el acceso a ejercicios, pizarras tácticas y metodologías de todo el mundo. No obstante, el reto de la era digital no es encontrar información, sino filtrarla. El joven entrenador debe pasar del rol de «consumidor pasivo de vídeos de ejercicios» al de «analista de conceptos», preguntándose siempre: ¿este contenido aporta valor a la etapa de desarrollo en la que están mis jugadores?
El camino del entrenador es una maratón de aprendizaje continuo. No se alcanza la madurez técnica ni la solvencia pedagógica de la noche a la mañana, pero el atajo más rápido y enriquecedor es la curiosidad.
Para un joven entrenador de deporte base, no hay mejor consejo que mantener la mirada atenta y la libreta abierta. Sal de tu pista al terminar tu sesión, quédate a ver la categoría superior, acércate a los campos vecinos, asiste a clinics, consume contenido digital con espíritu crítico y habla de deporte con quien lleve más años que tú.
Al nutrirte de la experiencia de los veteranos, del rigor de la élite, de la frescura de otros deportes y del saber hacer de los grandes formadores, no estarás copiando a nadie: estarás recopilando las mejores piezas para construir tu propia identidad como entrenador. Y al final del día, ese crecimiento personal redundará en lo más importante de todo: ofrecer la mejor enseñanza y experiencia posible a los niños y niñas que confían en ti cada tarde.

Sobre el autor
Manuel Pérez PardosEntrenador y jugador de la sección de Baloncesto de Stadium Casablanca Fundador Basket Alta Ribagorza (Valle de Benasque) Director deportivo MANN-FILTER Liga Femenina (2018-2020) Coordinador Balonmano, baloncesto y Voleibol Stadium Casablanca (2019-2025) Vicepresidente Asociación Aragonesa de Entrenadoras y Entrenadores de Baloncesto Miembro de la Asociación Aragonesa de Gestores del Deporte




