El Alcoraz cierra sus puertas al zaragocismo: el derbi pierde su magia
El Huesca veta la entrada a los aficionados zaragocistas para el derbi del 26 de abril, argumentando reciprocidad y seguridad, en una decisión que enturbia la esencia de este clásico regional.

La SD Huesca ha decidido cerrar las puertas a los seguidores zaragocistas para el enfrentamiento del 26 de abril en su feudo. Una determinación que ha encendido las alarmas en la entidad blanquilla y que empaña lo que debería ser una de las citas más vibrantes de la temporada en la categoría de plata del fútbol español.
Desde Barbastro argumentan tres razones para justificar este cierre: la elevada solicitud de sus propios socios y patrocinadores, la limitada cantidad de asientos disponibles, y un principio que denominan de reciprocidad. Este último concepto apunta al partido de ida, jugado en el provisional Ibercaja Estadio —donde los maños tienen que jugar mientras aguardan la conclusión de sus nuevas instalaciones—, donde la falta de espacio redujo notablemente lo que podían ofrecerle los oscenses a los aficionados locales.
Ante la negativa rotunda a entregar un bloque de entradas, los zaragocistas propusieron una alternativa creativa: repartir mediante sorteo los 80 pases cortesía que sí ofrecía el Huesca. La respuesta fue un no categórico procedente del equipo oscense, que esgrimió preocupaciones sobre la seguridad en las gradas como motivo de su rechazo.
La respuesta del Real Zaragoza fue contundente. Los blanquillos rechazaron de plano las 80 invitaciones, descartaron sentarse a negociar con sus colegas huesquenses y redujeron su presencia en los palcos de la mejor manera posible. En un escrito dirigido a la opinión pública, manifestaron su "profunda decepción" frente a una resolución que, según su análisis, traiciona lo que este clásico ha representado en los últimos tiempos y no se corresponde con la relevancia que tiene para toda la región aragonesa.
El clásico regional siempre ha simbolizado algo que va más allá de los tres puntos en juego. Es la efeméride futbolística más importante para miles de apasionados esparcidos por toda Aragón, un duelo cimentado en una historia rica, una rivalidad noble y un sentimiento de identidad comarcana. Que se juegue sin la presencia de seguidores visitantes genera un malestar profundo y abre un interrogante perturbador sobre los principios que deben cimentar encuentros de semejante calado.
El 26 de abril el balón rodará en El Alcoraz, pero las bancadas destinadas a la afición visitante guardarán un silencio que ya ha resonado antes de que el árbitro pite la salida. Una ausencia que trasciende el resultado final del encuentro.
