Cuando no jugar deja de dar ventaja
El árbitro aragonés Carlos Aranda analiza las nuevas medidas del fútbol contra la pérdida de tiempo y reivindica por qué el criterio del árbitro sigue siendo insustituible.
Es muy común en el fútbol y también en otros deportes retorcer las normas para sacar el mayor beneficio posible. Lo vemos cuando un portero se toma unos segundos de más con el balón en las manos. También cuando, en los últimos minutos, se sustituye a un jugador aparentemente "muy cansado" o "lesionado". O cuando hay que entregar el brazalete de capitán al compañero más alejado o un jugador cae y necesita asistencia. Vaya, las situaciones son de lo más variopintas.
En mi opinión, el fútbol necesitaba medidas más claras para evitar que estas conductas acabasen impidiendo que se juegue. Consumir unos segundos forma parte de la gestión de un partido, pero el problema aparece cuando se convierte en una forma de no jugar.
Ya la pasada temporada entró en vigor la limitación de ocho segundos para que el portero pusiera el balón en juego después de controlarlo con las manos. El árbitro muestra visualmente la cuenta atrás de los últimos cinco y, si se supera, el equipo contrario dispone de un saque de esquina. Ya existía una regla de seis segundos, pero apenas se aplicaba, en mi opinión, porque era desproporcionado pitar un tiro libre indirecto dentro del área.
La cuenta comienza cuando el árbitro considera que el guardameta tiene claramente controlado el balón. Sigue existiendo un componente subjetivo, pero ahora el árbitro dispone de una señal visible con un efecto disuasorio. Bajo mi criterio, es una solución más equilibrada que la anterior y creo que fue acertado introducirla.
Esta temporada, ese principio se extiende a otras situaciones. Cuando un equipo retrase deliberadamente un saque de banda o de meta, se podrá iniciar una cuenta atrás de cinco segundos. Es, de nuevo, un criterio que deberá interpretar el árbitro. Si el saque de banda no se realiza, pasará al rival, mientras que si se demora un saque de meta se concederá un saque de esquina. Además, se establecen límites en las sustituciones y después de determinadas atenciones médicas.
También veníamos viendo cómo algún portero caía misteriosamente "lesionado" y, mientras era atendido, los entrenadores aprovechaban para reunir a sus jugadores y dar instrucciones. Por eso me parece interesante que el arbitraje español se haya acogido al ensayo autorizado por la IFAB. Salvo en las excepciones previstas, si el juego se detiene por una lesión del guardameta, el entrenador deberá elegir a un jugador de campo para que permanezca fuera durante un minuto tras la reanudación.
El otro día, viendo un partido de La Liga Hypermotion, los aficionados del equipo que iba ganando gritaban toda clase de lindezas porque al equipo que perdía no le iniciaban la cuenta de cinco segundos en un saque de banda. A los suyos, en cambio, sí se la hacían cuando retrasaban la reanudación. A veces el aficionado es irracional y parece que hasta las cuentas atrás tengan que repartirse por igual.
Como árbitro, no me preocupa que siga existiendo subjetividad y precisamente para eso está el criterio arbitral. Un partido no se puede gestionar únicamente con un cronómetro, ya que no todos los retrasos tienen la misma intención ni se producen en el mismo contexto. El árbitro debe valorar la temperatura del partido, el momento, los equipos y las circunstancias. Por eso estas medidas tienen todo el sentido cuando se utilizan en favor del propio fútbol, no cuando se aplican de forma automática y al margen de lo que sucede sobre el terreno de juego.
Seguramente, ante estas medidas aparecerán nuevas artimañas y formas de bordear la norma. Siempre ha sucedido y seguirá sucediendo.
Las normas no van a terminar con la picaresca porque siempre habrá quien busque el límite o encuentre una forma de bordearlo. Al menos, ahora cruzarlo puede conllevar una desventaja. Gestionar un resultado forma parte del fútbol, pero impedir que se juegue es otra cosa. Que un jugador o un equipo con experiencia gestione el partido entra dentro del juego. Lo que no puede ser es que quien no quiere jugar obtenga más ventaja que quien sí quiere hacerlo.

Sobre el autor
Carlos Aranda AnquelaÁrbitro de Segunda RFEF con más de 25 años de trayectoria en el arbitraje. Ha arbitrado en Segunda División B y Segunda RFEF, además de ejercer como cuarto árbitro en Primera y Segunda División, y ha formado parte del arbitraje nacional de fútbol playa. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración, máster en Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos y doctorando en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos. Actualmente cursa el Grado en Derecho y completa su formación en inteligencia artificial aplicada. Fue concejal de Deportes del Ayuntamiento de Teruel.




