Tribuna de Opinión·Daniel Bandrés Blanco

El viaje de novios del balonmano

26 de agosto de 2026·Balonmano

Julián Ruiz le regaló una frase que se le quedó clavada. La pretemporada es como un viaje de novios, el tiempo en que se disfruta del balonmano sin la prisa de los puntos ni el peso del marcador.

Hay entrenadores que te sueltan una charla táctica y otros que te regalan una frase para toda la vida. Julián Ruiz es de los segundos. Antes de un partido de pretemporada, mientras los dos mirábamos calentar a nuestros equipos, me dijo sin previo aviso que la pretemporada es como un viaje de novios: el amor sigue intacto, las cosas buenas ocupan toda la cabeza de entrenadores y jugadores, y las malas no se multiplican; se asimilan como algo comprensible o, como mucho, como algo por cambiar.

Me quedé con esa idea clavada. Y cuanto más lo pienso, más razón tenía.

Porque, seas aficionada, padre, madre o directivo, la pretemporada es ese raro momento del año en el que se disfruta del balonmano sin la prisa de los puntos ni el peso del objetivo. No hay clasificación que consultar con el corazón encogido ni marcador que te arruine la cena. Se ve jugar por el simple gusto de ver jugar.

Y aquí conviene deshacer un pequeño malentendido: los partidos de preparación son de todo menos amistosos en su desarrollo —se compite, se suda, se enfada y se celebra—, pero son maravillosamente amistosos en sus conclusiones. Juegan todos, los jóvenes tienen esa oportunidad sin el juicio instantáneo y los veteranos sin el peso de la responsabilidad inmediata. Y siempre, siempre, hay una lectura positiva del resultado. Si te mides a una categoría superior y ganas, es una gesta digna de contarse a los nietos; y si la categoría superior es la que pierde, forma parte de un proceso —buscado o no, pero igual de válido para todos—.

Desde mi trinchera, la del entrenador, no hay mejor momento del año. Pasas horas y horas con los chicos y las chicas, que es exactamente lo que de verdad amamos los que nos dedicamos a esto. Todo son buenos propósitos. Las carencias se ven como proyectos de mejora; las virtudes, como caminos a la gloria.

Sí, ya sé lo que viene después: la competición, con sus derrotas que sí se multiplican y sus victorias que se olvidan demasiado pronto. Pero por eso mismo merece la pena defender la pretemporada como lo que es: no un trámite, sino una declaración de intenciones. El momento en que un equipo todavía cabe entero dentro de una ilusión.

Así que la próxima vez que alguien despache un partido de preparación con un «bah, total, es pretemporada», sonría con benevolencia. No sabe lo que se pierde. Vaya usted al pabellón, siéntese sin mirar el marcador y disfrute del viaje de novios, que la vida del aficionado, de la jugadora —y la del entrenador— tiene pocos momentos tan felices y tan libres de culpa. Que luego, el invierno vendrá, y esos momentos ya no estarán ahí…

Quien esto firma lo confiesa sin rubor: soy, y seré, un enamorado de las pretemporadas.

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Daniel Bandrés Blanco

Sobre el autor

Daniel Bandrés Blanco

Entrenador nacional de balonmano (Nivel 3), exseleccionador aragonés en categorías de formación y cofundador del Campus Balonmano Ebro. Especialista en neurociencia deportiva y preparación física de élite.