Historia de los perdedores
Hay una mentira que circula disfrazada de motivación: los que ganan, ganan; los que pierden, pierden. Bando asignado. Etiqueta puesta. ¿Y si la derrota fuera el ingrediente más activo de la mejora?
Hay una mentira que circula disfrazada de motivación: los que ganan, ganan; los que pierden, pierden. Bando asignado. Etiqueta puesta. El mundo binario nos quiere clasificados con rapidez, porque es más cómodo saber dónde está cada uno que hacerse la pregunta incómoda: ¿y si la derrota fuera el ingrediente más activo del proceso de mejora?
Cuando ganas, el mecanismo cerebral es simple y agradable: refuerzo positivo. El cerebro registra lo que hiciste, aplica una dosis de dopamina y te dice que lo repitas. Funciona bien. La victoria es ciega a sus propias fisuras. La derrota, en cambio, obliga a buscar explicaciones: ¿qué falló?, ¿dónde estuvo la grieta? Es incómodo. Pero es exactamente el mecanismo que genera adaptación. Las especies no evolucionan en los momentos de bonanza; evolucionan cuando el entorno las obliga.
Hay un concepto que en el mundo del deporte de alto rendimiento se repite hasta el hartazgo, y con razón: el enfoque en el proceso. No en el resultado. No en si ganas o pierdes hoy, sino en si estás tomando las decisiones que, a lo largo del tiempo, aumentan las probabilidades de ganar.
Para entenderlo no hace falta mirar lejos. El Balonmano Huesca de Pachi Giné pasó catorce años entre la Primera Nacional y División de Honor Plata antes de llegar a la élite, acumulando temporadas sin clasificarse para la fase de ascenso. Hasta que en mayo de 2011, ante 3.000 personas en el Palacio de los Deportes, ganó en penaltis la final de ascenso a la Liga ASOBAL. Una vez arriba, logró una histórica cuarta plaza en 2013/14 y se clasificó para competición europea. Y ahí siguió durante quince temporadas, con presupuestos habitualmente menores, una filosofía clara por una forma de trabajar encabezada por José Francisco Nolasco y apuesta por el proceso y no la inmediatez. Un club de ciudad pequeña que entendió que la derrota no era una sentencia, sino información que procesar. Volverán.
El mismo gen lo tiene el Balonmano Dominicos de José Ángel Equiza, que ha construido algo más difícil que ganar un título: un modelo formativo de referencia nacional. Campeón de España infantil en 2023, con cuatro equipos clasificados simultáneamente esta temporada para la fase final del Campeonato de España, y entrenadores propios llamados a dirigir selecciones nacionales como Carlos Colomer. No llegaron aquí de golpe. Llegaron acumulando derrotas, aprendiendo de cada eliminación y construyendo con paciencia lo que hoy es un referente. Poniendo el foco en el proceso.
Lo que transforma una derrota en aprendizaje es la interpretación. Si asumes la etiqueta (soy un perdedor) obtienes un relato paralizante. Si la miras como un científico mira un experimento fallido (qué variable falló, qué cambio introducir) se convierte en el combustible más eficiente que existe.
En nuestro deporte y nuestra comunidad ya padecimos la época en la que nos intentaban convencer de que no podíamos aspirar a nada: aquellos que te hablaban de las fichas que teníamos, que no podíamos competir con tan poca gente, que no había tradición, que ponían la etiqueta sin evaluar el proceso (esos mismos que ahora vemos subirse "al carro" de los que ganan adjudicándose parte del mérito…).
El ganador definitivo no es el que nunca perdió. Es el que perdió, analizó, extrajo el aprendizaje y siguió creciendo. La próxima vez que pierdas (porque perderás, porque perdemos todos, constantemente) recuerda que no te han asignado una etiqueta. Te han dado materia prima. Lo que hagas con ella es otra historia. La más importante, de hecho.

Sobre el autor
Daniel Bandrés BlancoEntrenador nacional de balonmano (Nivel 3), exseleccionador aragonés en categorías de formación y cofundador del Campus Balonmano Ebro. Especialista en neurociencia deportiva y preparación física de élite.




