Tribuna de Opinión·Mónica Aznar Cebamanos

Las actividades complementarias: una pieza irrenunciable para la asignatura de Educación Física

8 de julio de 2026·Deporte

En Educación Física las actividades complementarias no son un añadido, sino una condición pedagógica necesaria; renunciar a ellas empobrece la asignatura y limita las oportunidades del alumnado.

Hay aprendizajes que no se explican: se viven, y quienes trabajamos en Educación Física lo sabemos bien. Por eso, hablar de educación integral y olvidar las actividades complementarias es, sencillamente, dejar incompleto el proyecto educativo. Estas actividades, organizadas por los centros escolares y desarrolladas fuera del aula en horario lectivo, forman parte del sentido profundo de la escuela: abrir el aprendizaje al entorno, conectar los saberes con la experiencia y permitir que el alumnado aprenda también desde la vivencia, la participación y el contexto real.

Su presencia en la normativa educativa confirma que no estamos ante un elemento accesorio, sino ante una herramienta reconocida por el sistema educativo para enriquecer el currículo, ampliar oportunidades de aprendizaje y favorecer una formación más completa del alumnado. Por eso, cuando un docente programa una salida, no se está saliendo del currículo; está buscando la forma más auténtica de desarrollarlo.

Su valor resulta todavía más evidente en Educación Física. Parte de sus aprendizajes más significativos, como los adquiridos en salidas al medio natural, rutas activas, actividades de orientación, prácticas deportivas en instalaciones específicas o experiencias motrices en contextos reales, difícilmente pueden alcanzarse con la misma riqueza dentro del recinto escolar. No es lo mismo explicar la orientación en una pizarra que ver a un grupo de alumnos orientarse de verdad en un entorno desconocido, tomar decisiones, equivocarse, rectificar y sentirse capaces.

En estos escenarios, el alumnado aprende a adaptarse al entorno, a convivir, a cooperar, a gestionar el esfuerzo, a asumir responsabilidades y a transferir lo aprendido. Por eso, en Educación Física, las actividades complementarias no son un añadido; son una condición pedagógica necesaria para alcanzar aprendizajes profundos y competencias motrices reales. Además, son la única oportunidad para muchos escolares de acceder a determinadas experiencias físico-deportivas, practicar actividades nuevas o salir de los contextos habituales en los que transcurre su vida cotidiana. Renunciar a estas propuestas supone empobrecer la Educación Física y limitar las oportunidades del alumnado.

Sin embargo, defender aquí su valor educativo no puede hacernos ignorar la realidad que vive hoy el profesorado que las organiza. Los docentes de Educación Física asumimos en estas actividades funciones de organización, acompañamiento y supervisión, pero también respuestas inmediatas en entornos complejos, muchas veces con criterios poco definidos y protocolos insuficientemente claros, sobre todo cuando existen desplazamientos, pernoctas o actividades fuera del contexto habitual del centro. Quien organiza una salida sabe bien todo lo que hay detrás: permisos, previsión, responsabilidad, decisiones rápidas y una atención constante que va mucho más allá de lo estrictamente docente. Esta situación genera inquietud, desprotección y, en algunos casos, un replanteamiento legítimo del docente sobre la conveniencia de seguir impulsando estas actividades.

Ese es, precisamente, el riesgo que no deberíamos permitirnos en Educación Física. La respuesta no puede ser renunciar a las actividades complementarias, sino clarificar responsabilidades, insistir en su regulación y contar con un marco de seguridad acorde. Defenderlas es defender una escuela viva, competencial e inclusiva. Y en Educación Física, es defender una forma de aprender que solo cobra pleno sentido cuando el cuerpo, el entorno y la experiencia educan juntos.

Resulta paradójico que el currículo educativo califique estas actividades como “agentes fundamentales de aprendizaje” y, sin embargo, exista un vacío normativo sobre su gestión y cobertura. La falta de regulación no es solo una carencia administrativa; es una falta de respeto a la integridad y el honor de quienes sustentan el sistema educativo, los docentes.

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Mónica Aznar Cebamanos

Sobre el autor

Mónica Aznar Cebamanos

Mónica Aznar es doctora en Dirección y Administración de Empresas, licenciada en Educación Física y profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. Con más de 25 años de experiencia en docencia e investigación, su trabajo se centra en la Educación Física de calidad, el deporte escolar y la gestión deportiva. Es decana del Colegio Oficial de Educadoras y Educadores Físico Deportivos de Aragón (COLEFA), ha sido vicepresidenta del Consejo COLEF de España y participa en diversos organismos nacionales e internacionales vinculados a la actividad física, el deporte y la educación.