Cuando la explicación siempre es el árbitro
El árbitro Carlos Aranda reclama hablar más de fútbol y menos de árbitros, y pide rigor al contar las agresiones arbitrales.
El otro día escuchaba una reflexión de Jorge Valdano sobre cómo podemos ver grandes goles, jugadas o jugadores y acabar hablando de los árbitros. La gente ve el fútbol para disfrutar de una buena jugada, de su equipo y del propio partido, pero cada vez parece más difícil que la conversación no termine girando alrededor de una decisión arbitral. Y esto pasa en todas las categorías, porque cuando a un equipo le va mal, demasiadas veces la explicación es que los árbitros no le arbitran bien.
Claro que una decisión puede influir en un resultado y entiendo que se discuta, pero de ahí a explicar una mala racha por el arbitraje hay bastante recorrido. Parece que nos resulta más fácil pensar que el árbitro nos quiere perjudicar que reconocer nuestros propios errores.
En algunas tertulias y publicaciones parece que el partido solo sirve para encontrar la jugada con la que alimentar el enfado durante el resto de la semana. Podemos haber visto noventa minutos de fútbol, de muy buen fútbol, pero terminamos repasando cinco segundos desde todos los ángulos hasta encontrar uno que nos dé la razón. Mientras tanto, del planteamiento del entrenador, de las ocasiones falladas o de lo bien que ha jugado el rival se habla bastante menos. Al final, el árbitro acaba siendo una explicación muy cómoda para no buscar otras.
Los medios de comunicación y los propios clubes pueden ayudar a cambiar esa conversación, aunque para eso también hay que estar dispuesto a contar cosas que el aficionado no siempre quiere escuchar, como que el rival ha sido mejor, que el equipo no ha estado bien o que una decisión discutida no explica todo lo sucedido. Se puede discrepar del árbitro sin convertirlo en la excusa de cada derrota, igual que se puede hablar de fútbol sin estar buscando permanentemente una polémica.
La última vez que escribí en esta columna fue por la agresión sufrida por Yago en Pina de Ebro y este pasado fin de semana hemos conocido otra denuncia de agresión, tras el Deportivo Aragón-Almudévar. Sin entrar en las versiones sobre lo sucedido, también creo que debemos exigir responsabilidad al contarlo. Dar visibilidad a la violencia es necesario, pero me preocupa que algunos medios puedan aprovechar el interés que despierta una agresión para buscar visitas fáciles. Informar exige rigor y seguimiento, no quedarse en el titular que más impresiona y olvidarse después de la persona.
Por suerte, también estamos viendo gestos que merecen contarse. Yago ha participado en una charla de la Asociación Amigos del Arbitraje, recibió una camiseta de la selección de manos de Rafael Louzán y Manuel Torralba durante su visita a Zaragoza y esta semana el Real Zaragoza tuvo un detalle con él en el encuentro celebrado en recuerdo de Jorge Casado. Creo que estas muestras de apoyo ayudan, no tanto por el obsequio como por lo que representan para alguien que ha pasado por una situación así. Son una forma de hacerle sentir que el fútbol también está de su lado y que tiene un lugar dentro de él.
Pero tampoco debería hacer falta que un árbitro fuera agredido para tener un detalle con él. Invitarlo a una charla del club, interesarse por cómo está o reconocer su dedicación son cosas que pueden hacerse cualquier semana. Y no hablo de homenajes ni de grandes actos, sino de una relación más normal entre personas que comparten el mismo deporte, aunque durante el partido tengan funciones distintas.
Me gustaría que hablásemos más de fútbol, como reclamaba Valdano, y que cuando tocara hablar de los árbitros no fuera siempre para buscar un culpable. También hay historias, esfuerzo y afición al fútbol detrás de quien lleva el silbato, y todo eso merece atención cualquier fin de semana, aunque no haya una noticia detrás.

Sobre el autor
Carlos Aranda AnquelaÁrbitro de Segunda RFEF con más de 25 años de trayectoria en el arbitraje. Ha arbitrado en Segunda División B y Segunda RFEF, además de ejercer como cuarto árbitro en Primera y Segunda División, y ha formado parte del arbitraje nacional de fútbol playa. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración, máster en Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos y doctorando en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos. Actualmente cursa el Grado en Derecho y completa su formación en inteligencia artificial aplicada. Fue concejal de Deportes del Ayuntamiento de Teruel.




