Deporte-adaptado

El zaragozano Carlos Muñoz se proclama campeón del mundo con España en Granollers

Por Redacción AC

La selección española se proclamó campeona del mundo de balonmano en silla de ruedas en Granollers, con el zaragozano Carlos Muñoz, del BM Dominicos, entre los trece jugadores del título.

El zaragozano Carlos Muñoz se proclama campeón del mundo con España en Granollers

📷 Adrián Dubón

Hay fines de semana que se disfrutan, otros que se recuerdan y los menos, aquellos que terminan convertidos en historia. Lo vivido en Granollers pertenece, sin duda, a las tres categorías.

España llegaba a su primer Mundial con la ilusión de quien se estrena entre los mejores. Lo que ya suponía un éxito acabó convertido en una gesta difícil de imaginar: España se proclamó campeona del mundo en su debut.

No fue a Granollers simplemente a participar. Fue a competir. Lo hizo desde donde nacen las grandes gestas deportivas: humildad, sacrificio, trabajo y una fe inquebrantable.

Durante todo el campeonato vimos una selección intensa, valiente y solidaria. Juego frenético, defensa asfixiante y jugadores capaces de encontrar fuerzas cuando parecía que ya no quedaba ninguna. Enfrente podía haber equipos con más experiencia y tradición, pero España tenía algo que no aparece en las estadísticas: hambre. Hambre de competir, de demostrar y de hacer historia.

También tuvo un jugador extra: la afición del Palau d'Esports de Granollers.

Cuando los brazos pesaban, la grada empujaba. Cuando aparecían las dudas, apretaba todavía más. Equipo y público terminaron respirando al mismo tiempo. Granollers llevó en volandas a España y la selección respondió dejándose hasta la última gota de energía sobre la pista.

Magistrales los trece jugadores y el cuerpo técnico. Entre ellos, un aragonés: Carlos Muñoz, que cambió durante unos días los colores blanquinegros de su BM Dominicos por el rojo de España. Un pequeño pedazo de Aragón también forma parte de este título mundial.

Ahora toca conseguir que Granollers no sea solamente un hermoso recuerdo, sino un punto de partida. Que este éxito dé visibilidad a la disciplina, despierte vocaciones, llene pistas y consiga que muchos niños quieran algún día vestir esa camiseta.

También, por qué no, que alimente un sueño todavía mayor: verla algún día convertida en deporte olímpico.

Quizá entonces volvamos la vista atrás y recordemos aquel fin de semana de Granollers. El de una selección que llegó a su primer Mundial dispuesta a competir y terminó haciendo historia.

España, campeona del mundo.

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