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La S.D. Huesca gana el derbi de la desesperación: cuando el fútbol deja de ser deporte

Por Redacción AC

El Huesca vence el derbi con tres expulsiones por agresión, incluido un puñetazo de Andrada. La desesperación por la salvación convierte el fútbol en barbarie.

La S.D. Huesca gana el derbi de la desesperación: cuando el fútbol deja de ser deporte

📷 Rafael Pelegay

El Alcoraz fue testigo este fin de semana de algo que poco tiene que ver con lo que debería ser el fútbol. La SD Huesca se marchó con los tres puntos de la cancha tras vencer al Real Zaragoza en un enfrentamiento entre hermanos que quedará marcado por la violencia y el caos, no por el juego que se desarrolló sobre el césped. Tres tarjetas rojas por actos de agresión, dos conjuntos luchando por no desaparecer de la categoría y un retrato poco halagüeño de lo que hemos convertido este deporte.

En lo que respecta a la clasificación, el panorama es desolador para ambos. Los oscenses alcanzan los 36 puntos, igualados con Mirandés y con apenas dos de diferencia respecto al Cádiz, que marca la línea de seguridad con 38. Los maños se quedan en 35, penúltimos en la tabla, respirando por un tubo. Dos equipos aragoneses mirándose desde el borde del precipicio, buscando aferrarse a cualquier cosa.

Lo verdaderamente venenoso de este encuentro ocurrió dentro de las líneas. Tasende vio cómo le mostraban la roja por agresión. El guardameta azulgrana también fue expulsado. Pero lo verdaderamente intolerable llegó cuando Andrada, el portero zaragozano, lanzó un puñetazo que no permite interpretaciones, disculpas ni contexto justificador alguno. Un golpe con los nudillos es un golpe, lleves uniforme o no.

Claro que es fácil culpar a la desesperación del derbi, a los nervios de estar tocando fondo en Segunda División, a la adrenalina de jugarse todo. La desesperación explica comportamientos, pero nunca los justifica. Lo que presenciamos en tierras oscenses refleja una forma de entender el juego que normaliza el teatro exagerado, los roces provocadores y las amenazas veladas como si fueran elementos consustanciales del deporte. Cuando la supervivencia tiembla, esa mentalidad sale a la luz sin disimulos.

Los de Oltra se llevan tres puntos, es verdad. Pero ceden a futbolistas de peso en forma de castigos en el tramo más decisivo del curso, cuando no hay lugar para lujos. Los zaragozanos encajan una nueva derrota que aprieta la soga, y deberán seguir adelante menguados por castigos que ellos mismos se han infligido. Los dos se sabotean en el peor instante posible, cuando cada punto vale oro.

El balance final de este enfrentamiento entre regionales es inequívoco: la derrota es generalizada. Huesca pierde efectivos que le hacen falta. Zaragoza pierde tanto partidos como credibilidad. Y el fútbol, nuevamente, desaprovecha la oportunidad de brillar como algo distinto a un reflejo de lo peor que llevamos dentro cuando creemos que lo hemos perdido todo. Eso es lo que duele de verdad.

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