María Guerra Zaldívar: "En Aragón hay talento, pero lo que marca la diferencia es la mentalidad y atreverse cuando llega la oportunidad"
La jugadora zaragozana formada en BM La Jota repasa su primera temporada en la Liga Guerreras Iberdrola con el BM Aula Valladolid, su convocatoria con la selección nacional y el futuro del balonmano aragonés

María Guerra Zaldívar, joven jugadora zaragozana formada en el BM La Jota, vive su primera temporada en la élite del balonmano femenino español con el BM Aula Valladolid en la Liga Guerreras Iberdrola. Tras lograr un subcampeonato de España juvenil con su club de siempre, dio el salto a la máxima categoría y ya ha sido convocada con la selección nacional de su categoría. En esta entrevista, María repasa su trayectoria, su adaptación a la élite y el futuro del balonmano aragonés.
1. ¿Qué supuso para ti, a nivel personal y deportivo, cerrar una etapa de toda la vida en el BM La Jota tras lograr un hito como el subcampeonato de España juvenil?
Después de tantos años en BM La Jota, que es el club al que se lo debo prácticamente todo por todo lo que me ha enseñado, desde la disciplina y el esfuerzo hasta la forma de competir, cerrar esa etapa así fue algo muy especial para mí.
A nivel deportivo, creo que fue el reflejo de todo el trabajo que llevábamos detrás durante mucho tiempo, de confiar en nosotras y de competir hasta el final. Y a nivel personal, fue una mezcla de orgullo y emoción, porque no es fácil despedirse de un sitio que ha sido tu casa durante tantos años. Además, para mí tuvo un punto más especial, porque cuando jugamos ese campeonato yo ya sabía que me iba. Fue una situación un poco dura, pero también me hizo vivirlo de otra manera: solo quería disfrutar cada momento, aprovechar al máximo esos últimos partidos con el equipo y dar lo mejor de mí en la pista.
2. ¿En qué momento fuiste consciente de que el balonmano dejaría de ser un proceso formativo para convertirse en tu profesión en la élite?
Desde pequeña siempre soñé con poder llegar a jugar en la máxima categoría, creo que es el sueño de muchos niños y niñas que empiezan en este deporte. Pero siendo sincera, nunca imaginé que pudiera llegar así de pronto. Siempre tuve claro que iba a trabajar para intentarlo, pero lo veía como algo un poco lejano. El momento en el que realmente empiezo a ser consciente de que podía convertirse en una realidad fue cuando la agencia de deportistas con la que estoy empezó a contactar conmigo y me planteó la posibilidad de dar ese salto y fichar por un equipo de la máxima categoría.
A partir de ahí fue todo bastante rápido y tuve que ir asimilando poco a poco lo que estaba pasando. A día de hoy, muchas veces sigo sin creerme del todo lo que estoy viviendo, pero intento aprovecharlo al máximo y seguir creciendo.
3. Tras completar tu primera temporada en el BM Aula Valladolid, ¿cuál es el balance que haces de tu adaptación a la Liga Guerreras Iberdrola?
Ha sido una temporada de mucho aprendizaje y de adaptación constante. El salto a esta categoría se nota desde el primer día, sobre todo en el ritmo de juego y la exigencia física de cada acción y eso te obliga a estar siempre al máximo.
Poco a poco he ido encontrando mi sitio dentro del equipo y entendiendo mejor lo que se espera de mí en ambas fases del juego. En cuanto al vestuario, es complicado llegar a un grupo nuevo, pero aun así la adaptación fue buena desde el principio. Además, al ser un equipo bastante joven, eso ayudó a que la convivencia y el día a día fueran más sencillos dentro de lo que supone una primera temporada. En general, hago un balance positivo porque siento que he crecido mucho durante el año, tanto a nivel de juego como de confianza, aunque soy consciente de que todavía tengo margen para seguir mejorando y asentándome en la categoría.
4. ¿Cómo calificarías el rendimiento colectivo del equipo en lo que va de campaña y qué objetivos reales se ha marcado el vestuario para el tramo final del campeonato?
Creo que el equipo ha tenido una temporada con altibajos. Hemos tenido momentos muy buenos, en los que hemos competido a un gran nivel contra rivales exigentes, pero también otros en los que nos ha faltado algo de regularidad para poder mantener ese rendimiento durante más tiempo. Aun así, creo que el grupo siempre ha dado la cara y ha competido en todos los partidos, que es algo muy importante en una liga como esta.
De cara a este tramo final tenemos tanto la Copa de la Reina como el play-down. En cuanto a la Copa, que era uno de los objetivos que nos propusimos al inicio de la temporada, será un partido complicado, pero lo afrontamos con ilusión y con la intención de competirlo al máximo y darlo todo, sin dejarnos nada dentro.
Pero lo más importante ahora mismo es la permanencia. Nos hemos marcado el objetivo de dar nuestra mejor versión cada partido e intentar ganar todos los posibles lo antes posible para poder estar más tranquilas cuanto antes. Sabemos que la presión es evidente en esta fase, pero confiamos en nosotras y en el trabajo que hemos hecho durante toda la temporada para sacarlo adelante.
5. Dada la exigencia de la liga este año, ¿en qué medida los resultados obtenidos han condicionado la ambición del grupo por alcanzar los puestos de play-off?
Sinceramente, ha sido una liga muy dura y los resultados a veces no han reflejado el trabajo que hacíamos. Obviamente, a todas nos hubiera encantado estar peleando por el play-off, pero la competición te pone en tu sitio, ya sea por la juventud del grupo y por la cantidad de lesiones que hemos tenido y este año nos ha tocado aprender a sufrir en la zona baja.
Eso no quita que el grupo sea ambicioso; al revés, nos ha servido para madurar a base de golpes y entender que en esta categoría nadie te regala nada. Ahora mismo, más que pensar en lo que pudo ser, el foco está en cerrar la permanencia y demostrar que este equipo tiene nivel para estar más arriba.
6. El estilo de juego del Aula Valladolid es reconocido por su velocidad y transiciones rápidas; ¿de qué manera te has adaptado a este sistema y qué rol específico te pide desempeñar el cuerpo técnico?
El sistema del Aula encaja bien con mi forma de jugar, ya que siempre me ha gustado el ritmo alto y el contraataque ha sido una de mis virtudes. Aun así, cuando llegas aquí te das cuenta de que el nivel y la velocidad no tienen nada que ver al que estaba acostumbrada; es un estilo que me gusta, pero al principio me costó adaptarme un poco porque en esta liga no te puedes permitir desconectar ni un segundo.
El cuerpo técnico me pide sobre todo valentía y confianza para seguir intentándolo, incluso cuando las cosas no salen, algo que ayuda mucho porque me da confianza para seguir intentándolo. En defensa me exigen mucha intensidad y reaccionar rápido, y aunque este año todavía estoy en proceso de adaptación al ritmo de la categoría, siento que poco a poco voy mejorando y entendiendo mejor el juego, por eso, sé que a este ritmo de juego puedo dar muchísimo más.
Mientras tanto, intento aprender mucho del resto de jugadoras; cómo gestionan los tiempos, cuándo acelerar y cuándo es mejor pausar. Al final, se trata de ir incorporando esos detalles que marcan la diferencia para poder aplicarlos en el momento justo.
7. ¿Cuál ha sido el cambio más drástico que has experimentado al pasar de la categoría juvenil a la máxima división nacional en cuanto a ritmo de juego y exigencia física?
El cambio ha sido brutal, sobre todo porque en juvenil puedes permitirte ciertos errores, pero aquí cada fallo cuenta. La intensidad no baja en ningún momento; el balón circula mucho más rápido, las transiciones son constantes y los contactos son mucho más duros, así que el desgaste es de otro nivel. Físicamente es otra exigencia: te enfrentas a jugadoras más fuertes, más formadas y con más experiencia, y cada acción en defensa te obliga a estar al cien por cien. Si no estás concentrada desde el primer segundo, se nota enseguida.
También se nota mucho en la precisión de los lanzamientos. Las porteras te tienen más estudiada, aguantan mejor, leen más las intenciones y ocupan más portería, por lo que tienes que ajustar mucho más cada tiro y decidir en menos tiempo. Ya no vale con lanzar cómoda; cada detalle cuenta y cualquier pequeño error se paga.
Y todo eso no solo pasa en los partidos, sino también en el día a día. Los ritmos de entrenamiento son mucho más exigentes, con sesiones prácticamente todos los días, donde la intensidad es muy alta desde el inicio hasta el final. Además, el trabajo de gimnasio tres veces por semana forma parte de la rutina, lo que obliga a estar muy preparada físicamente y a cuidar mucho la recuperación. Al final, es un ritmo constante de exigencia que te obliga a mantenerte siempre al máximo nivel, tanto física como mentalmente.
8. Recientemente has formado parte de la convocatoria de la selección nacional de tu categoría; ¿qué ha significado para ti esa experiencia y qué aprendizajes te llevas al convivir con las mejores jugadoras del país de tu generación?
Ha sido una experiencia muy especial. Es algo con lo que sueñas desde pequeña y cuando vi mi nombre en la lista no me lo podía creer, no me lo esperaba la verdad. Me hizo mucha ilusión, pero también lo vi como una oportunidad muy importante para seguir aprendiendo y creciendo como jugadora. Además, te hace valorar todo el trabajo que hay detrás durante años y te refuerza la idea de que vas por el buen camino, lo que te da aún más motivación para seguir esforzándote en el día a día.
Estar allí con las mejores jugadoras de mi generación te exige dar un paso más en todo: en intensidad, en concentración y en la forma de competir. Me llevo sobre todo el nivel de exigencia en cada entrenamiento, cómo se cuidan todos los detalles y la mentalidad que hay dentro del grupo, donde nadie baja el ritmo y todas compiten al máximo en cada acción.
También aprendes mucho en el día a día, no solo en la pista, sino en la convivencia, viendo cómo trabajan las demás, cómo se preparan antes de entrenar o competir y cómo gestionan los diferentes momentos, son pequeños detalles que marcan la diferencia. Es una experiencia que me sacó de la rutina y la zona de confort en la que estaba y que me ayudó a volver al club con más confianza, más madurez y con muchas ganas de seguir creciendo y aprovechando cada oportunidad que se presente.
9. ¿De qué manera el hecho de comenzar a entrar en convocatorias con la selección nacional te ayuda a afrontar con mayor seguridad los partidos de máxima presión en la liga doméstica?
Creo que da un punto extra de confianza. El hecho de entrar en una convocatoria de la selección me hizo ver que el trabajo que estoy haciendo va en la buena línea y que puedes competir a ese nivel, y eso luego lo notas cuando vuelves al club y te enfrentas a partidos exigentes. También es un contexto de mucha exigencia, donde cada entrenamiento tiene mucha intensidad, desde los detalles más pequeños hasta la forma de competir. Aunque sean pocos días, te sirve para ver el ritmo que se pide ahí y para intentar trasladarlo luego al día a día en el club.
En situaciones de presión, yo creo que se nota sobre todo en la confianza y en la tranquilidad para tomar decisiones. Afrontas esos momentos con menos dudas y con más seguridad, y eso te ayuda a competir mejor y a estar más suelta cuando el partido lo requiere.
10. ¿Cómo ha sido el proceso de integrarte en un vestuario profesional y ganar peso en la rotación siendo una de las jugadoras más jóvenes del grupo?
La verdad es que la adaptación ha sido bastante buena, y creo que también he tenido suerte con el vestuario que me he encontrado. Es un grupo joven y eso facilita mucho las cosas en el día a día; de hecho, fue una de las razones por las que decidí venir aquí, porque pensaba que me ayudaría a integrarme mejor y a sentirme más cómoda desde el principio.
No voy a mentir, al principio pensaba que me iba a costar más entrar en la rotación o que tendría mucho menos protagonismo, sobre todo siendo de las más jóvenes y dando el salto a esta categoría. Pero la realidad es que desde el inicio he tenido más oportunidades de las que esperaba, y eso poco a poco me ha ido dando confianza para soltarme más en la pista y atreverme a hacer mi juego.
Esa confianza y el sentirte parte del equipo desde tan pronto hace que todo sea más fácil. El grupo también ayuda mucho, porque hay muy buen ambiente y desde el primer momento me han hecho sentir una más, tanto dentro como fuera de la pista. Eso se nota luego a la hora de competir y de seguir creciendo, porque juegas con más tranquilidad y con la sensación de que puedes aportar.
11. ¿De qué manera ha influido el haber crecido en un club de barrio como La Jota en tu capacidad de sacrificio y en tu ética de trabajo en la élite?
Haber crecido en La Jota ha influido muchísimo en mi forma de ser dentro y fuera de la pista. Es un club de barrio donde desde pequeña aprendes que nada llega solo, que todo requiere constancia y esfuerzo, y que tienes que dar siempre lo mejor de ti. Esa forma de entender el trabajo se te queda muy dentro y es algo que hoy en día sigo manteniendo.
También me ha marcado mucho la manera de vivir el balonmano allí. No es solo entrenar o competir, es sentir el equipo, disfrutar del proceso y no rendirte nunca, independientemente de cómo vayan las cosas. Esa mentalidad es la que me ha ayudado luego a adaptarme a la exigencia de la élite y a seguir siendo constante en el día a día.
Y a nivel personal, para mí La Jota siempre va a ser mi casa. Es el club al que se lo debo todo, porque sin ellos nada de esto habría sido posible. Me han acompañado durante muchos años y me han formado tanto como jugadora como persona. Es algo que siempre voy a llevar conmigo, y creo que esa forma de valorar de dónde vienes también influye mucho en la ética de trabajo que intento tener ahora.
12. ¿Cómo gestionas la distancia con tu entorno en Zaragoza mientras te asientas en una ciudad con tanta tradición de balonmano como Valladolid y una afición tan exigente como la de Huerta del Rey?
La distancia al principio se hace dura, sobre todo por dejar a tu gente y no poder compartir el día a día con ellos. Sí que es verdad que tienes que adaptarte a conocer a gente nueva y a no ver tanto a personas que te gustaría tener cerca siempre. Aun así, tengo mucha suerte porque mi familia viene bastante a verme y eso se agradece muchísimo, porque hay momentos en los que necesitas ese abrazo de casa.
También creo que me ha ayudado el hecho de que siempre me he considerado bastante independiente. El tener que pasar muchos ratos sola es algo que llevo bastante bien. Además, coincidió con el año en el que empezaba la universidad, así que el cambio de rutina iba a ser grande igualmente, estuviera donde estuviera. En ese sentido, compaginar estudios y balonmano requiere mucha organización y constancia, porque el tiempo libre es muy justo. Tienes que aprender a aprovechar bien cada momento y a sacar pequeños ratos para desconectar, aunque a veces no sea fácil.
Por otro lado, Valladolid me ha acogido muy bien desde el primer momento, tanto a nivel deportivo como personal, y eso hace todo mucho más sencillo. Y luego se nota muchísimo que aquí el balonmano se vive de verdad: hay mucha tradición, la gente entiende mucho este deporte y la afición siempre está ahí apoyando. En Huerta del Rey eso se nota un montón, y ese respaldo también te da un extra a la hora de competir.
13. Desde tu perspectiva actual, ¿cómo valoras el nivel del balonmano base aragonés y qué crees que falta para que más jugadoras puedan dar el salto que tú has dado?
El balonmano base aragonés tiene un nivel bueno y, sobre todo, con mucho margen de crecimiento. Cada vez se ve más trabajo en los clubes, más jugadoras con talento y más competitividad, y eso hace que poco a poco se vaya notando también fuera de Aragón, incluso en campeonatos nacionales donde se está compitiendo mejor.
De hecho, hay ejemplos muy claros de que ese trabajo da sus frutos, como el de jugadoras como Danila So Delgado, que han conseguido dar el salto y consolidarse en la élite mundial. Eso es importante porque te da referencias cercanas y demuestra que, si se sigue apostando por la formación, es un camino real.
Aun así, desde dentro sí que se ve que dar el salto no es fácil. Muchas veces cuesta pasar de la base a la élite porque el cambio es muy grande, no solo a nivel deportivo sino también mental, y no siempre hay un camino del todo claro o progresivo que te ayude a hacerlo más natural.
También influye bastante el hecho de no tener tantos equipos de máximo nivel cerca, porque eso hace que tengas que salir fuera antes si quieres seguir creciendo y compitiendo en categorías más altas. Y ese paso, aunque necesario, no siempre es sencillo porque implica muchos cambios de golpe. Es un proceso en el que cada una tiene que ir encontrando su momento y su oportunidad, pero sí que creo que con un poco más de continuidad entre etapas y más opciones para seguir creciendo sin tantos saltos, sería más fácil que más jugadoras pudieran llegar preparadas a la élite.
En mi caso, valoro mucho la base de la que vengo, porque creo que te forma bien y te da una buena mentalidad de trabajo, pero luego el salto depende mucho de cada una, de atreverse y de encontrar la oportunidad. Si se sigue cuidando ese trabajo de base y se facilitan más esos caminos, estoy segura de que cada vez habrá más jugadoras que puedan llegar.
14. ¿Qué objetivos te marcas a corto y medio plazo, tanto en tu crecimiento con el club como en tu continuidad dentro del esquema de la selección nacional?
A corto plazo, a nivel individual, quiero seguir asentándome dentro del equipo, tener cada vez más regularidad y sentirme cada vez más segura en la pista. Seguir creciendo en el día a día, entender mejor el ritmo de la categoría y ser capaz de aportar de forma más constante, tanto en defensa como en ataque, sin complicarme y sumando al equipo en lo que necesite en cada momento.
El objetivo principal con el equipo es claro: salvar la categoría lo antes posible y competir cada partido al máximo para conseguirlo. A partir de ahí, también disfrutar del proceso, que al final es una temporada de mucho aprendizaje y de situaciones nuevas para mí, y creo que es importante vivirlo con la mayor naturalidad posible sin perder el foco en lo que nos estamos jugando.
A medio plazo, me gustaría ir consolidándome un poco más en la Liga, sentirme más estable dentro del grupo y seguir ganando confianza en mi juego. Sobre todo, seguir ampliando recursos, especialmente en la variedad de lanzamientos, para poder ser más completa y adaptarme mejor a diferentes situaciones. Es una categoría muy exigente, todo va muy rápido y no te da margen para pensar demasiado, así que el objetivo es ir adaptándome cada vez mejor al ritmo de la competición, ser más constante y poder rendir con más naturalidad dentro de ella.
Y en cuanto a la selección, lo veo como algo que hay que ganarse día a día. Haber estado en una convocatoria fue una experiencia muy positiva, pero lo importante ahora es seguir trabajando bien en el club, mejorar aspectos concretos del juego y estar preparada por si vuelven a contar conmigo. Sin obsesionarme, pero con la ilusión de poder seguir entrando en ese tipo de dinámicas.
15. ¿Qué mensaje trasladarías a las jóvenes jugadoras de Aragón que ven en tu trayectoria un espejo donde mirarse para alcanzar la máxima categoría?
Les diría que, más que pensar constantemente en llegar a la máxima categoría, intenten centrarse en disfrutar y aprovechar cada etapa del proceso. El balonmano es algo largo, con momentos muy buenos y otros más complicados, y creo que lo importante es ir creciendo poco a poco, sin prisa, pero con constancia.
Que confíen en el trabajo diario, incluso en esos días en los que parece que no avanzas o que no se ven resultados, porque todo suma. Cada entrenamiento, cada partido y cada experiencia te va construyendo como jugadora, aunque en el momento no siempre seas consciente de ello. Y que aprendan también a valorar tanto los momentos buenos como los más difíciles, porque de todos se aprende algo que luego te hace más fuerte.
También les diría que muchas veces hemos crecido viendo a jugadoras que eran nuestras referentes, nuestras ídolas, y que parecían muy lejanas. Y de repente te das cuenta de que, con trabajo, terminas compartiendo pista con ellas o incluso compitiendo contra ellas, como me ha pasado esta temporada. Eso te hace ver todo de otra manera y valorar mucho más lo que has ido construyendo.
Es importante no olvidarse nunca de dónde vienes, porque eso es lo que te mantiene con los pies en el suelo. La clave es ir madurando con todo lo que te va pasando, aprender de cada experiencia y hacer las cosas bien cada día para ir acercándote a la élite.
Y sobre todo, que crean en ellas mismas, porque el límite se lo pone cada una. En Aragón hay talento y nivel, pero lo que realmente marca la diferencia es la mentalidad, el atreverse cuando llega la oportunidad y no tener miedo a salir de la zona de confort si hace falta para seguir creciendo. Si se trabaja con constancia y se mantiene la ilusión, las oportunidades acaban llegando.
