🥋 Judo

Víctor Bajén, el judoca que aprendió a caer para levantarse

•Por Adrián Dubón Pérez

El judoca aragonés afronta la pérdida progresiva de visión con un objetivo deportivo: llegar a unos Juegos Paralímpicos. Pero su historia habla también de esfuerzo, autonomía y una forma de entender la vida que va mucho más allá del tatami.

Víctor Bajén, el judoca que aprendió a caer para levantarse

📷 Adrián Dubón

El árbitro da la señal (hajime) y comienza el combate. Frente a Víctor Bajén hay un rival al que apenas puede distinguir. Su visión en túnel le impide percibir muchos de sus movimientos. Sin embargo, el primer agarre le proporciona información fundamental: la fuerza, la resistencia y la preparación física de su adversario.

El judoca aragonés Víctor Bajén, con judogi blanco y cinturón negro
Víctor Bajén

En un deporte donde anticiparse resulta decisivo, Víctor compite muchas veces desde la intuición. «Hay piernas o pies que no veo y, si el rival se agacha, puedo perderlo completamente de mi campo visual». La experiencia y la memoria muscular se convierten entonces en sus mejores aliados. Si consigue anticiparse, salva la situación. Si no, llega la caída.

Pero quizá la mayor dificultad no esté únicamente en lo que sus ojos no pueden ver, sino en cómo lo ven los demás.

Víctor reconoce que una de las situaciones que más le incomodan es la condescendencia. Algunos compañeros, durante los entrenamientos, lo tratan inicialmente con excesiva delicadeza. «Las personas con discapacidad sabemos pedir ayuda. En judo queremos competir». Una afirmación sencilla que encierra una reivindicación todavía necesaria: la discapacidad no debería confundirse con incapacidad.

Fuera del tatami, Víctor ha estudiado, trabaja y dirige su propio negocio, compaginando sus responsabilidades con la preparación física y deportiva. Defiende el esfuerzo y el trabajo como herramientas de dignificación personal, siempre desde el reconocimiento de las limitaciones individuales.

Su sueño es alcanzar unos Juegos Paralímpicos, aunque tiene claro que el verdadero valor del proyecto no depende exclusivamente de una medalla. Quiere demostrar que el esfuerzo, la constancia y unos objetivos claros pueden abrir caminos que antes parecían imposibles.

Quizá por eso, su reflexión más importante no habla únicamente de victorias. «Lo importante en la vida no es caer o no, porque todo el mundo cae alguna vez, sino de qué forma se cae».

El judo es un deporte en el que el equilibrio, la anticipación y la capacidad de interpretar los movimientos del rival resultan fundamentales. Sin embargo, antes de aprender a proyectar, cualquier judoca debe aprender a caer. Una enseñanza que Víctor ha trasladado a su manera de entender la vida: reconocer las propias limitaciones, prepararse para afrontar las dificultades y asumir que no siempre se puede ganar.

Porque, dentro y fuera del tatami, no siempre podremos evitar la caída. Lo verdaderamente importante es haber aprendido a caer para poder volver a levantarnos.

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