Tribuna de Opinión·Javier Hernández Bonilla

Vuelta a la rutina

16 de septiembre de 2026·Deporte

La vuelta al deporte tras el parón estival no debe vivirse como una carrera contrarreloj. Entre cuatro y seis semanas de pretemporada, progresión del 10% a 15% semanal y el descanso entendido como parte del entrenamiento.

¿Es tal cual la vuelta a cómo la dejamos antes de verano? ¿Es necesario recuperar el estado de forma física de manera rápida?

La respuesta corta sería, no, en absoluto. No podemos pretender que la vuelta a la rutina tras las vacaciones sea igual o muy similar a cómo empezamos las vacaciones (si en este tiempo has hecho un parón).

El período estival suele asociarse al descanso, la desconexión y una disminución notable de la práctica deportiva estructurada. Para los deportistas de rendimiento bajo-medio, retomar la actividad física en septiembre supone un desafío fisiológico y psicológico importante. Una reincorporación brusca incrementa exponencialmente el riesgo de lesiones musculares y tendinosas, además de generar una fatiga prematura. Por ello, estructurar una correcta pretemporada es clave para recuperar la condición física de forma segura y progresiva.

La pretemporada, planificación y objetivos

La pretemporada debe entenderse como un puente entre el sedentarismo vacacional y la exigencia habitual. En niveles medio-bajos, esta fase inicial no debe buscar un rendimiento óptimo inmediato, sino reacondicionar las estructuras corporales. Se aconseja una duración total de entre 4 y 6 semanas antes de afrontar la competición o el entrenamiento de alta exigencia específico. Durante las primeras dos semanas, el foco recae en la movilidad articular, la reeducación postural y la readaptación neuromuscular general.

Ejercicios más adecuados

En esta etapa genérica, válida para múltiples disciplinas, se priorizan los patrones de movimiento fundamentales frente al trabajo analítico:

  • Movilidad y activación. Movimientos multiarticulares dinámicos (círculos de cadera, movilidad torácica, activaciones de core) para engrasar las articulaciones.
  • Fuerza funcional. Ejercicios con peso corporal o cargas ligeras que involucren grandes grupos musculares: sentadillas, zancadas, puentes de glúteo, planchas abdominales y tracciones suaves.
  • Resistencia aeróbica base. Actividades de bajo impacto inicial (carrera continua suave, elíptica, natación o bicicleta) orientadas a mejorar la eficiencia cardiovascular sin un estrés mecánico excesivo.

Control de cargas de entrenamiento

El principio de progresión es la regla de oro. La carga debe aumentar de forma gradual, respetando la regla general de no incrementar el volumen o la intensidad semanal en más de un 10% a 15%.

  • Volumen. Comenzar con sesiones más cortas (de 45 a 60 minutos) y 3 días de entrenamiento por semana, escalando progresivamente hasta 4 o 5 días según la disponibilidad y tolerancia.
  • Intensidad. Las primeras semanas deben mantenerse en zonas moderadas (rango conversacional, sin alcanzar la extenuación), evitando los trabajos de alta intensidad (HIIT) o los cambios de ritmo explosivos hasta la tercera o cuarta semana.

Tiempos de preparación y descanso

El descanso es el componente invisible del entrenamiento. Tras un parón, el cuerpo necesita sintetizar nuevas adaptaciones estructurales. Es fundamental programar al menos 48 horas de recuperación entre sesiones de fuerza destinadas al mismo grupo muscular. Asimismo, incluir días de descanso activo, como caminar o realizar estiramientos suaves, ayuda a metabolizar los residuos metabólicos y acelera la vuelta a la forma física óptima sin sobrecargar el sistema nervioso.

En conclusión, la vuelta a la actividad física tras el parón estival no debe vivirse como una carrera contrarreloj, sino como un proceso de construcción inteligente y paciente. Para los deportistas de rendimiento medio-medio, respetar los tiempos de adaptación, que oscilan entre las cuatro y seis semanas, priorizar los patrones de movimiento funcionales y aplicar un incremento progresivo de las cargas son los pilares fundamentales para evitar lesiones. Entender que el descanso forma parte del entrenamiento garantiza no solo una reincorporación segura, sino también una base sólida para disfrutar del deporte con salud, energía y motivación durante toda la temporada.

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Javier Hernández Bonilla

Sobre el autor

Javier Hernández Bonilla

Diplomado en Magisterio de Educación Física, entrenador personal y especialista en entrenamiento funcional. Instructor de Spinning, BodyPump y Espalda Sana, además de planificador nutricional. Actualmente, preparador físico de la Asociación Española de Dodgeball.