El altavoz no funciona solo: por qué el deporte local debe cuidar a sus periodistas
Un fin de semana cualquiera hay decenas de competiciones en una provincia y en la redacción de deportes hay dos personas. Con suerte, una. Los clubes no pueden limitarse a esperar una cobertura milagrosa, pero tampoco vale ayudar de cualquier manera.
Hagamos un ejercicio de realidad matemática. Tomemos el mapa de cualquier provincia un fin de semana cualquiera: decenas de partidos de fútbol base y regional, jornadas de voleibol o baloncesto, controles de atletismo en pista, carreras por montaña en dos comarcas distintas, torneos de pádel, gimnasia rítmica, frontón y ciclocrós. Ahora, miremos la redacción de la sección de deportes del periódico o la emisora local: dos personas. Con suerte, una.
Pedirle a un único redactor que esté físicamente en seis campos a la vez, que conozca al detalle los parciales de una prueba en la otra punta del territorio y que además cierre páginas o boletines contra el reloj del domingo por la noche no es una exigencia profesional; es un milagro logístico imposible.
A menudo, clubes, directivos y deportistas caemos en el reproche fácil: «Nunca sacan nada nuestro», «Solo hablan de los dos equipos de siempre», «Si no vas a quejarte, no existes». Olvidamos que la prensa local no es un enemigo que nos ignora, sino un compañero de trinchera desbordado. Si queremos que el deporte modesto tenga eco, los clubes y los atletas tenemos que dejar de ser sujetos pasivos que esperan una cobertura milagrosa y convertirnos en facilitadores rigurosos de la información.
Ayudar al redactor local no es enviar un mensaje apresurado a medianoche con tres fotos borrosas y un audio inaudible. Ayudar implica entender el oficio. Supone redactar una nota breve con los datos básicos y contrastables: nombres bien escritos, resultados exactos, contexto de la competición y declaraciones limpias facilitadas a una hora prudencial. El periodista no necesita que le hagan su trabajo de redacción, pero sí necesita el combustible básico para poder procesarlo en tiempo y forma.
Sin embargo, esta colaboración exige una regla de oro innegociable: la honestidad editorial.
Cuando un club o un deportista asume la tarea de enviar información a una redacción pequeña, contrae una responsabilidad ética directa. No se puede convertir una derrota amarga en una crónica triunfalista disfrazada, ni vender una carrera de pueblo de quince participantes como si fuera el Campeonato del Mundo. El autobombo desmedido, la hipérbole constante y el sesgo partidista no solo degradan la credibilidad del club que los emite; comprometen la seriedad del propio medio que confía en esos datos y los publica.
Y hay un punto aún más delicado: la generosidad provincial. Si tu equipo coincide en un campeonato nacional o en un torneo autonómico con otros dos clubes de tu misma provincia, ignorarlos en tu comunicación no te hace más grande. Ocultar a los rivales del mismo territorio solo empobrece la foto general que el lector merece ver. Avisar al periodista de que «nosotros hicimos cuartos, pero el club de la comarca vecina se metió en la final» no resta un ápice de mérito a tus atletas; al contrario, demuestra señorío institucional y permite que el cronista ofrezca una panorámica real del talento de nuestra tierra.
La prensa local es el único espejo donde el deporte base y minoritario se ve reflejado. Las grandes cadenas y los diarios nacionales jamás contarán el esfuerzo del cadete que viaja cuatro horas en autobús para jugar un partido, ni la marca mínima de una fondista provincial. Si dejamos caer a esas redacciones por inanición o las intoxicamos con notas partidistas y egocéntricas, el silencio se lo tragará todo. Cuidar al periodista local no es hacerle un favor: es garantizar que nuestros propios éxitos sigan teniendo quién los cuente.

Sobre el autor
Lázaro Vicente PérezAtleta de La Salle Caja Rural de Teruel desde sus inicios, Lázaro acumula varios títulos de campeón de Aragón en distintas disciplinas. Sus años de formación en Madrid le llevaron a fichar por Bikila Madrid, con el que logró dos subcampeonatos de España, y posteriormente por AVIA Vitoria. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad Europea de Madrid, donde actualmente cursa el doctorado. Técnico de Deportes y Juventud de la Comarca Gúdar-Javalambre desde 2002 y entrenador de La Salle Caja Rural de Teruel desde 2001. Miembro de la junta directiva del Club Voleibol Teruel desde 2012, ejerce como vicepresidente y estadístico del equipo de Superliga desde la temporada 2015-16.




