Tribuna de Opinión·Guillermo Aína Ortubia

El monstruo que despertó al colgar las botas

1 de julio de 2026·Rugby

El rugby me regaló los mejores días de mi vida y también me obligó a colgar las botas a los 29 años por una hernia lumbar. Esta es mi historia con el miedo, la salud mental y la luz que empiezo a ver al otro lado.

Durante todo el tiempo en el que fui jugador de rugby amateur o semiprofesional oí hablar de la salud mental en el deporte. Yo mismo sentía que había ocasiones en las que mi cuerpo y mi cabeza no respondían o no congeniaban como yo creía que tenía que ser. Eso me frustraba por situaciones propias o ajenas al rugby y las cosas no salían como quería. Todo eso afectaba a mi juego, a mi cotidianeidad, a mi paciencia en el trabajo… Básicamente, yo lo sentía como la sensación inversa a cuando estás en estado de “flow”.

Algunos días eran muy buenos y no quería estar en ningún otro sitio del mundo que no fuera el terreno de juego, otros muy malos y quería que me tragara la tierra… No le daba muchas vueltas más allá de este punto.

Durante mi trayectoria en el mundo del rugby no me han respetado especialmente las lesiones. Brazos, manos, codos, hombros, tobillos, pubalgia, alguna conmoción leve… Afortunadamente nunca las rodillas. Mucho ánimo a todos y todas los que estáis afrontando una lesión en estos momentos. Se puede volver más fuerte, os lo aseguro. Por cierto, para el que se lo pregunte, la respuesta es “Sí”, merece la pena el esfuerzo de volver tras una lesión, pero no seas un inconsciente. Cuídate y déjate cuidar para volver en condiciones.

En febrero de 2025 durante un partido tuve una hernia lumbar bastante complicada y dolorosa. Me desplomé en el campo, no podía mover bien las piernas y las semanas posteriores me fallaban las fuerzas cuando andaba o me levantaba del asiento. En el aula mis queridos alumnos de Primaria tenían que ayudarme para evitar algo de dolor. Algo hizo “clic” en mi cabeza. Sabía perfectamente a qué se debía la lesión: a la sobrecarga en los entrenamientos, a levantar muchos kilos, a jugar muchos más minutos de los que debería en mi posición… También sabía que había jugadores e incluso algún compañero de vestuario que habían logrado volver a jugar y disfrutar a pesar de convivir con esta patología, pero yo sentí algo que no había sentido con el resto de lesiones: miedo.

Con 29 años y varias lesiones a las espaldas (nunca mejor dicho) no quería romperme más. Quería verme con 45 ó 50 años y poder hacer deporte sin dolor, jugar con mis alumnos o con mis hijos… No sé, ese tipo de cosas. No era, ni seré un jugador totalmente profesional y no podía permitirme el lujo de tener todo un equipo pendiente de mi evolución. Aún así, afortunadamente, el fisioterapeuta y el médico del equipo sí que hicieron todo lo que estaba en su mano. Mil gracias siempre, Valentín y Oso.

En abril pasé por quirófano, donde me aplicaron corticoides para dormir la hernia. El cirujano fue claro: “Puede despertarse en cualquier momento. Tres días, tres meses, tres años… La hernia sigue estando ahí. No deberías seguir jugando. Tal y como está, la próxima vez que pases por aquí igual tengo que ponerte un par de tornillos en la espalda. Eso no es bueno”. Tras valorarlo tomé la decisión de retirarme. No quería ser un jugador de esos veteranos que terminan arrastrándose por los campos, pero jamás imaginé verme retirado a los 29.

Fue en ese momento en el que el monstruo despertó.

Todo empezó por sentir que había perdido una parte de mi identidad. Pasé de ser un jugador de rugby de cierto nivel a ser un juguete roto que veía el espectáculo desde fuera. Tenía (y tengo) constantemente las mismas preguntas que orbitaban alrededor de mi mente: “¿Por qué yo? ¿Por qué no los demás? ¿Me he rendido? ¿No he dado lo suficiente? ¿He dado demasiado?”. Los momentos de agobio, de ansiedad, de no entender y de llorar se hacían frecuentes.

El segundo paso fue la negación. He intentado varias veces lanzarme a la piscina y volver a entrenar al rugby en condiciones durante esta última temporada. Cuando terminaba el entrenamiento, la enorme presión que sentía en la zona lumbar disipaba toda duda e ilusión.

Ahora estoy en una especie de aceptación y veo algo de luz. Sigo sintiendo que ya no soy yo y el monstruo convive conmigo, pero puedo hacer deporte, ir al gimnasio, sigo cuidándome… Mi familia, mi pareja, mis amigos, mi pueblo, mi trabajo y el resto de mis gustos han sido muy importantes para calmarlo y para ver el vaso medio lleno.

En definitiva, no todo el mundo puede ser Rafa Nadal, ahora que se ha puesto de moda su documental. Lo he visto. Me encanta. Lo que ha hecho este señor es increíble y totalmente digno de admiración. Según mi opinión, es el mejor deportista de la historia de nuestro país; sin embargo, la realidad es que no todo el mundo tiene la misma fortaleza mental, ni tiene los mismos recursos, ni juega al mismo deporte.

Por favor, disfrutad de lo que os gusta. Sea deporte o no, pero sobre todo si es deporte de alta intensidad como es el caso. Tiene fecha de caducidad. Vividlo intensamente e intentad no dejaros nada en el tintero. A todos los deportistas nos toca bajar del escenario, pero no va a ser hoy, ni seguramente mañana. Si habéis perdido el foco, mirad atrás y observad si os estáis dejando gente en el camino. No lo hagáis. También mirad adelante y observad si habéis conseguido vuestro objetivo. Peleadlo hasta que tengáis la conciencia tranquila. Si podéis, intentad alargar vuestra vida deportiva, porque está claro que conforme pasen los años llegará un momento en el que ya no podréis tomar la decisión de volver a jugar o de volver a competir.

Si alguno estáis pasando o habéis pasado por algo similar a lo que estoy pasando yo, os hago spoiler de lo que os van a decir: “Es normal, date tiempo. Hay mucho más allá del deporte”. ¿Ojalá fuera tan fácil, verdad? Mucho ánimo porque no es sencillo, pero tienen razón: hay mucho más allá del horizonte del deporte.

rugbyaragón
Guillermo Aína Ortubia

Sobre el autor

Guillermo Aína Ortubia

Rugbyman y antiguo capitán del primer equipo del Recoletas Salud Fénix. Profesor de Educación Primaria y amante del deporte.