Tribuna de Opinión·Carlos Aranda Anquela

Después de Pina, ¿qué más estamos dispuestos a tolerar?

30 de septiembre de 2026·Fútbol

La agresión a un árbitro de 19 años y a su padre en Pina de Ebro deja una pregunta incómoda. Carlos Aranda, árbitro de Segunda RFEF, escribe sobre lo que el fútbol ha normalizado y sobre lo que ocurre cuando se apagan los titulares.

Me pregunto cuánto tardaremos en dejar de hablar de la agresión que sufrieron hace unos días un árbitro de 19 años y su padre en Pina de Ebro. Después de las noticias, los comunicados y la indignación, volveremos al fútbol de siempre hasta que otra agresión nos haga repetir lo mismo.

Los insultos, las amenazas y la intimidación conviven con el fútbol y forman parte del día a día del arbitraje. Por desgracia, hasta que alguien termina agredido parece que no hay motivos suficientes para dar la voz de alarma, como si amenazar a una persona o hacer que tenga miedo al salir de un campo no fuera ya suficientemente grave.

En el fútbol base y en campos de pequeñas localidades, un árbitro joven puede encontrarse solo ante adultos que le triplican la edad y lo superan físicamente, mientras lo insultan o amenazan a pocos metros. ¿Qué pensaríamos si viéramos a esos mismos adultos rodeando y amenazando a nuestro hijo por la calle? Una amenaza que pueda constituir un delito no deja de serlo porque se produzca junto a un campo de fútbol.

Se ha asumido que el árbitro tiene que gestionar todo eso, tener personalidad y aguantar la presión, dando por hecho que le van a insultar y amenazar. Creo que el aficionado también tendrá que aprender a convivir con el error arbitral, igual que convive con el de su hijo cuando falla un gol claro. Si entendemos que un jugador está aprendiendo, no entiendo por qué al árbitro que lleva el silbato le exigimos acertar siempre y soportar que lo insulten cuando creen que ha fallado.

Es fundamental que los medios de comunicación den visibilidad a estas agresiones, aunque algunos deberían revisar qué hacen durante el resto de la semana, cuando en determinados programas deportivos se pasa de analizar una decisión a descalificar al árbitro o cuestionar sus intenciones. A veces, más que un análisis periodístico, parece una conversación de barra de bar con micrófonos.

Es lícito opinar sobre el arbitraje, pero me cuesta entender publicaciones como la que vi este lunes en el Instagram del Diario de Teruel sobre el derbi entre el Teruel y el Huesca. Preguntar "¿Quién salió perjudicado por el arbitraje?" ya da por hecho el perjuicio y deja a los aficionados elegir al perjudicado. Creo que hay mejores formas de conseguir comentarios y, si buscan más alcance, deberían pagar publicidad en lugar de alimentar el descrédito del árbitro. En mi opinión, este tipo de publicaciones poco ayudan a humanizar su figura.

No estoy diciendo que una agresión sea consecuencia de una tertulia o una publicación, pero considero que ese desprecio contribuye a normalizar la hostilidad hacia el colectivo y acaba reproduciéndose en campos donde los más jóvenes aprenden que insultar al árbitro forma parte del fútbol.

Las consecuencias deben llegar a quienes amenazan o agreden. Las federaciones tienen sus competencias, pero la respuesta frente a los espectadores no puede quedarse dentro de la competición, por lo que las administraciones y la justicia deben utilizar las herramientas que les corresponden.

La normativa aragonesa ya contempla multas y prohibiciones de acceso a instalaciones deportivas para determinadas infracciones. Hay que aplicarlas cuando los hechos lo justifiquen, controlar su cumplimiento y actuar con contundencia si se incumplen, porque no entiendo que alguien que ha agredido a un árbitro pueda seguir entrando a un campo como si nada.

También debe conocerse qué ocurre después, cuando llegan las condenas. Cuando sea legalmente posible, debería saberse quién ha sido condenado por agredir a un árbitro, para que sus vecinos, compañeros de trabajo y familiares conozcan lo que ha hecho. Si la agresión merece un titular, la condena también, porque no puede ser que toda la exposición se la lleve quien recibe los golpes.

Hay una frase atribuida a Alfred Adler que viene muy al caso, "la empatía es ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro y sentir con el corazón de otro". Creo que a muchos aficionados les vendría bien intentarlo con quien lleva el silbato.

El próximo fin de semana volverá a rodar el balón y veremos si esta indignación sirve para algo. Cuando alguien empiece a insultar o amenazar al árbitro a nuestro lado, tendremos la oportunidad de demostrarlo, porque para condenar una agresión después de verla en las noticias siempre hay gente, pero para frenar al que tenemos al lado parece que nunca hay tanta.

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Carlos Aranda Anquela

Sobre el autor

Carlos Aranda Anquela

Árbitro de Segunda RFEF con más de 25 años de trayectoria en el arbitraje. Ha arbitrado en Segunda División B y Segunda RFEF, además de ejercer como cuarto árbitro en Primera y Segunda División, y ha formado parte del arbitraje nacional de fútbol playa. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración, máster en Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos y doctorando en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos. Actualmente cursa el Grado en Derecho y completa su formación en inteligencia artificial aplicada. Fue concejal de Deportes del Ayuntamiento de Teruel.