El podio invisible: por qué el deporte es el motor turístico y social que Aragón necesita
Lázaro Vicente reivindica los campeonatos de base, las carreras populares y las pruebas de montaña como motor económico y social capaz de vertebrar el territorio, romper la estacionalidad turística y sembrar futuro en los pueblos de Aragón.
Se suele pensar en el turismo deportivo visualizando grandes estadios llenos, retransmisiones televisivas millonarias o atletas de élite batiendo récords en una gran capital. Sin embargo, hay otra industria del deporte, mucho más silenciosa pero con un impacto económico y social devastadoramente positivo, que está transformando el mapa de Aragón. Hablamos de los campeonatos de España de base, las carreras populares y las pruebas de montaña. Una mina de oro para la vertebración del territorio que tanto las grandes ciudades como las comarcas más pequeñas deben aprender a potenciar sin complejos.
Organizar un evento deportivo —sea un torneo infantil o una carrera por el monte— no es un gasto; es la inversión publicitaria más rentable y la herramienta de desarrollo social más potente que un municipio aragonés puede ejecutar hoy en día.
Una estrategia que intenta seguir la Comarca Gúdar Javalambre. Citas como su ya emblemático torneo de baloncesto "Aquí Tocamos las Estrellas", sumadas al auge de sus exigentes carreras de montaña y pruebas populares que aprovechan la altitud de la zona, demuestran a la perfección la infalible ecuación de este tipo de turismo.
Donde viaja un atleta o un niño a competir, viaja un entorno familiar o un grupo de acompañantes. A diferencia del aficionado al fútbol profesional que llega en autobús, ve el partido y se marcha, el participante de una carrera de trail o de un campeonato base tiene dinámicas completamente distintas. Llega para pasar el fin de semana. Eso se traduce en colgar el cartel de completo en las casas rurales de nuestros pueblos, llenar las mesas de los restaurantes locales y consumir en los comercios de proximidad.
Aquí reside, además, uno de los objetivos más estratégicos de estas citas: romper la estacionalidad del turismo. Para comarcas que dependen fuertemente de temporadas muy marcadas, como el esquí en invierno o el senderismo en pleno verano, los meses intermedios de primavera u otoño suelen ser un desierto de reservas. Lograr que un torneo infantil o una carrera popular llene las plazas hoteleras y dinamice los pueblos precisamente en esas épocas del año en las que el turismo tradicional no está activo es, directamente, una bombona de oxígeno. Convierte la llamada "temporada baja" en un fin de semana de plena actividad económica y empleo para el sector servicios.
Sin embargo, para que este engranaje funcione a la perfección y el éxito sea rotundo, no basta solo con el empuje de la administración pública; es imprescindible la implicación y el esfuerzo del tejido empresarial de la zona. Un evento de esta magnitud requiere una corresponsabilidad activa. Las instituciones abren la puerta y asumen el reto organizativo, pero son los hosteleros, hoteleros y comerciantes quienes tienen en su mano la última —y más duradera— impresión del visitante.
El esfuerzo público debe verse respaldado por un sector privado que esté a la altura: adaptando horarios, ofreciendo servicios de calidad, mostrando la mejor de las acogidas y arrimando el hombro para que la experiencia del turista sea impecable tanto dentro como fuera del pabellón o de la línea de meta. Cuando el comercio local se vuelca, el visitante lo percibe, consume más y se convierte en el mejor embajador de nuestra tierra.
Porque el verdadero valor de estos eventos va más allá de la ocupación hotelera inmediata; genera un doble impacto: hacia fuera y hacia dentro.
Hacia fuera, el deporte es la mejor ventana al descubrimiento. Quien llega hoy en un mes de menor afluencia atraído por una canasta o por el dorsal de una carrera de montaña, mañana se marcha maravillado por la espectacularidad de los cielos limpios de la comarca —que hacen honor al torneo de baloncesto—, la belleza de sus senderos o la riqueza de su gastronomía. La línea de meta o el pabellón municipal son solo la puerta de entrada; el territorio entero es el beneficiado. Son visitantes que descubren el entorno con zapatillas de deporte en épocas del año inesperadas y que, con total seguridad, volverán en el futuro como turistas de naturaleza, nieve o patrimonio.
Hacia dentro, el beneficio es aún más profundo, casi poético. Para los niños y niñas de las localidades anfitrionas, ver un campeonato de España infantil o cruzarse en la plaza del pueblo con corredores exhaustos y motivados es una inyección de pura inspiración. Contemplar el esfuerzo, la competición y el ambiente festivo al lado de casa es un espejo donde mirarse. Se dan cuenta de que el deporte no ocurre solo en la televisión o en las grandes metrópolis; ocurre en sus propias calles y pistas. Esa cercanía es el mejor motor para que cojan un balón o se calcen unas zapatillas, se apunten al club local y empiecen a entrenar con la ilusión de ser ellos quienes, en unos años, viajen a otros lugares defendiendo los colores de su tierra.
Para las localidades pequeñas de Aragón, albergar estas citas es una herramienta de resistencia contra la despoblación. Demuestra que el medio rural no está vacío de ideas ni de infraestructuras, sino lleno de hospitalidad y potencial organizativo. Por supuesto, esto exige un esfuerzo coordinado de toda la sociedad civil, pero el retorno es indiscutible.
El marcador final de estas jornadas nunca se queda en el acta del partido ni en el cronómetro de la meta. Se refleja en unos hoteles llenos cuando más se necesita, en el trabajo conjunto de instituciones y empresas, en el orgullo de pertenencia de los vecinos y en las ganas de superación de los más jóvenes. Si entendemos que el deporte, desde la base hasta las cumbres, es el billete de entrada para generar riqueza los 365 días del año y sembrar futuro en nuestros pueblos, Aragón ya habrá ganado el campeonato más importante de todos.

Sobre el autor
Lázaro Vicente PérezAtleta de La Salle Caja Rural de Teruel desde sus inicios, Lázaro acumula varios títulos de campeón de Aragón en distintas disciplinas. Sus años de formación en Madrid le llevaron a fichar por Bikila Madrid, con el que logró dos subcampeonatos de España, y posteriormente por AVIA Vitoria. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad Europea de Madrid, donde actualmente cursa el doctorado. Técnico de Deportes y Juventud de la Comarca Gúdar-Javalambre desde 2002 y entrenador de La Salle Caja Rural de Teruel desde 2001. Miembro de la junta directiva del Club Voleibol Teruel desde 2012, ejerce como vicepresidente y estadístico del equipo de Superliga desde la temporada 2015-16.




