Tribuna de Opinión·Efrén Pérez Santamaría

La afición no es siempre soberana

4 de octubre de 2026·Balonmano

Pagar una entrada no convierte a nadie en dueño de la verdad. A propósito del BM Zaragoza y el OAR Coruña, una reflexión sobre la distancia que hay entre opinar desde la grada y saber lo que pasa en el vestuario.

Pagar un abono o una entrada no debería convertir a nadie en dueño absoluto de la verdad. Sin embargo, en muchos estadios y pabellones parece existir la creencia de que, por el simple hecho de ocupar una butaca en la grada, se adquiere el derecho inalienable de despotricar contra todo lo que ocurre en la pista. Como si el precio del ticket incluyese un máster express en táctica deportiva y una varita mágica para resolver todos los problemas del equipo.

Es habitual ver a espectadores que, desde su asiento, se erigen en entrenadores de primer nivel con varios mundiales en el currículum. Cambian sistemas, exigen rotaciones, piden fichajes y dictan sentencias sobre jugadores a los que apenas han visto entrenar. Y uno se pregunta: ¿saben realmente contra quién se enfrenta su equipo? ¿Conocen la trayectoria del rival, el presupuesto de ambas plantillas o el estado físico de cada jugador después de una semana de entrenamientos?

La realidad es que la mayoría de esos críticos improvisados desconocen los entresijos del vestuario. No saben si «fulanito» arrastra una molestia, si «menganito» ha vuelto de una lesión o si el entrenador ha tomado decisiones tácticas basadas en información que ellos ni siquiera imaginan. Pero eso no impide que se permitan la licencia de gritar improperios, de calificar de «paquete» a un jugador o de cuestionar decisiones que probablemente responden a factores mucho más complejos que su simple percepción desde la grada. Por no hablar del árbitro que llevan dentro cada uno de los opinadores, pero eso lo dejamos para otro día.

Y dicho esto, el pasado 26 de septiembre tuve la oportunidad de presenciar el partido entre el BM Zaragoza y el OAR Coruña en la División de Honor Plata.

El equipo gallego se llevó merecidamente la victoria (27-32), pero el Zaragoza dio la cara ante uno de los favoritos al ascenso. Los gallegos cuentan con una de las plantillas más competitivas de la categoría, con jugadores como Álex Chan, Gonzalo Carro o Nacho Valles, que perfectamente podrían estar en ASOBAL.

El BM Zaragoza jugó a ráfagas, con momentos de gran intensidad y otros de desconexión. Pero no pudo con un rival que, simplemente, era superior. Y aquí viene lo importante: no me atrevo a cuestionar aspectos que desconozco. No sé cómo ha transcurrido la semana de entrenamientos, no conozco el estado físico de cada jugador, ignoro si hay lesiones no visibles o decisiones tácticas que se me escapan. Lo que sí pude afirmar desde mi asiento es que el equipo visitante mostró más recursos, más profundidad en el banquillo y, en definitiva, más calidad sobre la pista.

El espectador tiene derecho a expresar su opinión, sí. Pero la soberanía no debería confundirse con la prepotencia ni con la ignorancia disfrazada de autoridad.

El próximo viernes llega el derbi contra el Bada Huesca, un partido que promete ser igualadísimo, como la mayoría de los encuentros de esta categoría que, curiosamente, conozco bastante bien.

Incluso así, me permito la licencia de dar alguna opinión. Pero sin crítica destructiva, y con el respeto que merecen los jugadores que se dejan la piel en la pista.

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Efrén Pérez Santamaría

Sobre el autor

Efrén Pérez Santamaría

Entrenador nacional de balonmano y Master Coach con una amplia trayectoria en el desarrollo de equipos y jugadores tanto en el ámbito formativo como en el alto rendimiento.  He colaborado durante diversas etapas con la Federación Aragonesa de Balonmano, desempeñando funciones como profesor en la Escuela Territorial de Entrenadores, donde he impartido la asignatura de juego colectivo defensivo. En el ámbito de selecciones, he ejercido como seleccionador masculino en categorías infantil, cadete y juvenil. A nivel de clubes, he formado parte del cuerpo técnico del BM Huesca como segundo entrenador durante diez temporadas, tres de ellas en División de Honor Plata y siete en la Liga ASOBAL. Como primer entrenador, he dirigido al conjunto de Huesca en Segunda Nacional durante dos temporadas, además de ocupar el mismo cargo en el Ademar Zaragoza en categoría juvenil y Segunda Nacional. Asimismo, he desarrollado una amplia labor en el ámbito base como entrenador en distintas categorías del club Corazonistas.