Deporte femenino: quizá YA ha llegado el momento de cambiar el modelo
Siete de cada diez adolescentes tienen necesidades de práctica deportiva no atendidas. Quizá la pregunta no sea por qué abandonan ellas el deporte, sino qué tiene que cambiar el deporte para que quieran quedarse.
Durante años hemos tratado de responder a una pregunta que, quizá, estaba mal formulada: ¿por qué las chicas hacen menos deporte? Hemos hablado de falta de motivación, de abandono durante la adolescencia o de la dificultad para consolidar hábitos activos. Pero los datos empiezan a mostrarnos algo diferente. “Las chicas sí quieren hacer deporte”. Lo que quizá no les estamos ofreciendo es el deporte que quieren hacer.
El estudio Actividades físicas y deportivas para las adolescentes: necesidades, barreras y recomendaciones, dirigido por María Martín y desarrollado desde el INEF de Madrid con Fundación MAPFRE y en el cual contribuí, ofrece un dato difícil de ignorar: “siete de cada diez adolescentes presentan necesidades de práctica físico-deportiva no atendidas”. Solo el 23 % de las chicas de Secundaria alcanza las recomendaciones de actividad física, frente al 49 % de los chicos, y un 20,6 % no realiza ninguna actividad físico-deportiva fuera de la Educación Física escolar.
Pero probablemente el dato más interesante no sea cuánto hacen, sino “qué nos dicen cuando las escuchamos”. Al 74 % le gustaría practicar algún deporte y ocho de cada diez preferirían hacerlo bajo la dirección de profesionales. Quieren voleibol, baloncesto, fútbol, baile, surf o escalada. Quieren estar activas, pero sobre todo quieren “disfrutar, compartir la actividad con sus amigas y sentirse cómodas y capaces”. La competición, sin embargo, solo resulta motivante para una minoría: el estudio señala que competir motiva al 43 % de los chicos y únicamente al 18 % de las chicas.
Aquí aparece una cuestión que deberíamos plantearnos quienes trabajamos en deporte. Si sabemos lo que quieren, ¿por qué seguimos esperando que sean ellas quienes se adapten a estructuras deportivas diseñadas hace décadas?
Tal vez ha llegado el momento de hacer con el deporte femenino algo parecido a lo que estamos intentando hacer con los nuevos modelos de enseñanza: pasar de un modelo centrado exclusivamente en el contenido y la competición, a otro centrado también en quien aprende y que le motiva. Escuchar, ofrecer opciones, generar autonomía, crear experiencias positivas y entender que no todas las personas aprenden, ni practican deporte de la misma manera.
Esto no significa renunciar a la competición. El deporte competitivo es imprescindible y necesitamos estructuras femeninas fuertes. En Aragón tenemos un magnífico ejemplo en Casademont Zaragoza femenino. La creación de su sección femenina comenzó precisamente desde la base en 2019, construyendo progresivamente una estructura que permitiera a las niñas disponer de referentes y visualizar un itinerario desde las categorías inferiores hasta el máximo nivel. Hoy el club cuenta con una coordinación específica de cantera femenina y un primer equipo que en los últimos años ha conquistado títulos y competido al máximo nivel nacional y europeo. Un ejemplo visible en Zaragoza durante el último Trofeo Ibercaja Ciudad de Zaragoza de baloncesto, donde la competición masculina y femenina se desarrolla y se disfruta al mismo nivel.
Los referentes importan. Que una niña pueda acudir al Príncipe Felipe y ver competir a mujeres deportistas al máximo nivel cambia imaginarios y amplía posibilidades. Pero el deporte femenino no puede construirse únicamente desde la élite ni desde el rendimiento. Entre “no hacer deporte y querer convertirse en deportista profesional” existe un espacio enorme que debemos aprender a ocupar.
El voleibol en Aragón ofrece también otro ejemplo interesante. Es precisamente uno de los deportes que las adolescentes identifican entre aquellos que más les gustaría practicar. La Federación Aragonesa de Voleibol mantiene una Escuela Deportiva que permite incorporarse tanto a quienes nunca han jugado como a quienes ya pertenecen a un club, con opciones de una o dos horas semanales. Esa flexibilidad apunta hacia una idea importante: “abrir puertas de entrada al deporte en lugar de establecer únicamente caminos de permanencia competitiva”. Quizás aquí esté parte de la respuesta.
Necesitamos modelos deportivos femeninos más flexibles, diversos y permeables; propuestas donde se pueda empezar a practicar a los 13, 14 o 15 años sin sentir que se llega tarde; espacios en los que acudir con amigas; actividades donde aprender sin ser juzgada por el nivel inicial; formatos que permitan compatibilizar estudios y práctica física; profesionales capaces de generar confianza y autonomía, y conexiones mucho más estrechas entre Educación Física, centros educativos, clubes, federaciones y administraciones. La evidencia más reciente insiste precisamente en desplazar el foco desde la supuesta falta de motivación individual hacia “la transformación de los entornos, los espacios y la propia oferta deportiva”.
Porque posiblemente llevamos demasiado tiempo preguntando por qué abandonan ellas el deporte cuando deberíamos hacernos otra pregunta: ¿qué tiene que cambiar el deporte para que ellas quieran quedarse? Si somos capaces de responderla, quizá dejemos de hablar de abandono deportivo femenino y empecemos, por fin, a hablar de oportunidades.

Sobre el autor
Mónica Aznar CebamanosMónica Aznar es doctora en Dirección y Administración de Empresas, licenciada en Educación Física y profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. Con más de 25 años de experiencia en docencia e investigación, su trabajo se centra en la Educación Física de calidad, el deporte escolar y la gestión deportiva. Es decana del Colegio Oficial de Educadoras y Educadores Físico Deportivos de Aragón (COLEFA), ha sido vicepresidenta del Consejo COLEF de España y participa en diversos organismos nacionales e internacionales vinculados a la actividad física, el deporte y la educación.




